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16 ene 2011

Cuba... a la mexicana

La relación entre Fidel Castro y el Gobierno mexicano ha sido siempre muy estrecha… quizá demasiado; aunque la mayoría de los mexicanos lo ignoren. La relación va más allá de la simple hermandad latinoamericana y es interesante hacer un recuento de los aspectos más importantes de la Relación México-Cuba.

El sexenio de Ruiz Cortines (1952-1958) ya pudo darse el lujo de arropar en México a Fidel Castro Ruz y de permitirle que zarpara con armas para promover una revolución en Cuba, país con el cual México mantenía relaciones.

El 26 de junio de 1956 la Dirección Federal de Seguridad dio a conocer, a través de toda la prensa nacional, que se había descubierto un grupo guerrillero cubano, encabezado por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. Excélsior dio la nota a ocho columnas: “desbarata México la Revuelta contra Cuba y apresa a 20 jefes. Todo el arsenal de los conjurados, recogido”.

La información especificaba que el grupo guerrillero, llamado “26 de julio”, tenía un campo de entrenamiento y un arsenal en el rancho Santa Rosa, en Chalco, a 35 kilómetros de la Ciudad de México. Ahí daba entrenamiento el ex coronel español Alberto Bayo, de filiación comunista. Tenían ametralladoras, granadas de mano, gran cantidad de cartuchos, material explosivo y rifles 30-06, de los que usaba en ese entonces el Ejército mexicano.

En cuanto a los antecedentes de Castro Ruz, se supo que había participado en los sangrientos desórdenes provocados tiempo antes en Bogotá, durante la reunión de cancilleres, conocido como “el Bogotazo”. Respecto al “Che” Guevara, era un experto en organización de guerrillas y había actuado como adoctrinador marxista durante el régimen de Jacobo Arbenz, en Guatemala.

La guerrilla castrista disponía de varios domicilios en donde recibía correspondencia y recursos económicos que se enviaban desde el extranjero. El licenciado Ángel Carvajal, Secretario de Gobernación, declaró que se actuaría con estricto apego a la ley y que se aplicaría la ya tradicional política de absoluto respeto a la soberanía de Cuba, país con el cual México mantenía relaciones normales.

Cinco días después de la captura de los guerrilleros, la prensa daba por hecho que se les expulsaría del país. Pero oficialmente se suspendió la información sobre el particular y la noticia fue desapareciendo de la atención pública.

Bajo el velo de ese silencio (impuesto por orden presidencial), los guerrilleros detenidos quedaron en libertad, recuperaron su arsenal, prosiguieron su entrenamiento, y el 25 de noviembre del mismo año zarparon del puerto de Tuxpan en el yate “Granma”, con todos los implementos necesarios para iniciar en Cuba el derrocamiento del régimen de Batista y la instauración de una dictadura. El arsenal que tenían en su campamento de Chalco lo habían transportado tranquilamente a Tuxpan. El comandante Ávila –de la policía secreta mexicana) refirió años más tarde:

“Estuvimos perfectamente enterados de esos movimientos, pero no hubo órdenes superiores de interceptarlos”.

Cuando Echeverría asumió la presidencia (diciembre de 1970) la dictadura de Fidel Castro estaba en vísperas de cumplir 12 años. Por segunda vez había prohibido celebrar la Navidad en Cuba, alegando que era una tradición ajena al pueblo cubano. “Constituye –dijo—un fenómeno subjetivo que nos trajeron de Europa. Nosotros estamos en el trópico y éste es un país cañero, y la caña se cosecha en invierno. Los meses óptimos de trabajo son de noviembre a mayo y no nos conviene interrumpirlos”.

También prohibió Castro que en enero se hablara de los Santos Reyes y del niño Jesús, por lo menos en celebraciones públicas. La tradicional fiesta infantil fue sustituida por “el día de Juan Calabazas”, personaje autóctono que se encargaría de obsequiar juguetes a los niños.

Por esa misma época Salvador Allende estaba instalando en Chile un régimen marxista con la frase: “peor que el comunismo es el anticomunismo”.

Fue significativo que el presidente Echeverría formara un triángulo con Castro y Allende. No tardó en viajar a Santiago de Chile para estrechar lazos de amistad, que luego significaron una subvención de aceite comestible, petróleo y otros artículos que, en cantidad jamás revelada, oficialmente se le estuvo regalando al régimen allendista.

Respecto a Cuba, se multiplicaba el número de funcionarios mexicanos que iban a rendirle pleitesía a Castro, y de funcionarios cubanos que venían a solicitar ayuda, que siempre se les concedía. A espaldas de la opinión pública mexicana, e incluso del congreso, se le estuvieron haciendo obsequios al régimen castrista cuyo valor es un secreto de Estado.

Un obsequio que no se pudo ocultar fue la construcción del majestuoso edificio de la embajada cubana, cerca de Chapultepec, en terrenos del Conservatorio de Música, por valor de centenas de millones de pesos de aquel entonces, que Echeverría regaló como si fuera dueño de los bienes de la nación.
Muy diferente trato se le daba en esa misma época a España que se le motejaba de ser una dictadura. Cuando los tribunales españoles condenaron a muerte a cinco terroristas dinamiteros, el régimen de Echeverría protestó y cortó las comunicaciones telefónicas, cablegráficas y postales entre los mexicanos y los españoles. ¿Y los más de 25 mil cubanos ejecutados por Castro?... Esos no significaban nada.
A la caída de Allende, en septiembre de 1973, Echeverría rompió relaciones con Chile porque el nuevo régimen había conquistado el poder mediante las armas, pero nada igual se hacía con Castro Ruz.
Con López Portillo no cambio la situación hacia Cuba. En 1979, Cuba cumplía 20 años bajo la dictadura marxista. Era del dominio público que la isla tenía de 7 a 8 millones de habitantes; que el total de presos políticos ascendía a 55 mil; que habían sido fusilados o muertos por castigos en las prisiones más de 22 mil; que habían emigrado 772,217 habitantes; que 600 mil campesinos habían sido despojados de sus tierras; que dos millones 500 mil trabajadores habían sido privados de sus derechos sindicales; que 48 mil pequeños negocios habían quedado estatizados; que hasta 800 estacionamientos y talleres automotrices habían pasado a manos del régimen, etcétera.
Aún así, López Portillo trajo en mayo de 1979 a Fidel Castro a Cozumel, y en medio de grandes honores le dijo:
“Regresa usted con la dignidad ganada para el pueblo cubano... Es usted uno de los grandes de este siglo... Símbolo y leyenda de uno de los movimientos sociales más importantes... En la Revolución Cubana se ve gran parte de nuestra juventud; en ella tenemos que vernos nosotros mismos”.
Niños de las escuelas fueron acarreados para formarle valla al dictador, en tanto que la prensa recibía insinuaciones oficiales para alabarlo. Excélsior llamaba “comandante” a Fidel Castro, y en su página editorial decía Manuel Roberto Montenegro: “México sin duda tiene mucho que aprender de los cubanos revolucionarios, que han implantado y alimentado el socialismo con la más preclara conciencia de estar construyendo el futuro de las veinte repúblicas de iberoamérica. Esta enseñanza, Fidel Castro, la debemos asimilar”.
En abril de 1980 hubo una hendidura en el sistema del cautiverio castrista y en unos cuantos días huyeron más de cien mil cubanos, pero el gobierno de México acordó no conceder asilo ni a uno solo de ellos. Nuestro derecho de asilo se aplicaba sólo a los comunistas de cualquier parte del mundo.
Coincidiendo con este suceso, que conmovió a Iberoamérica, el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Castañeda, anunció que se preparaba un viaje del presidente López Portillo a Cuba porque “las relaciones entre Cuba y México siempre se han caracterizado por el clima de cordialidad y hermandad”.
El viaje de López Portillo se efectuó el 1 de agosto de 1980. Al llegar a la Habana pronunció un discurso en el que dijo:
“Agraviar a Cuba es hacerlo a México... Nada soportaremos que se le haga a Cuba, porque sentiríamos que se nos hace a nosotros mismos... Así lo hemos demostrado, así lo seguiremos diciendo y haciendo un ejercicio de congruencia histórica que nos amarra profundamente a esta patria americana, de la que Cuba y México deben ser voz, apoyo, proyección y compromiso... Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre... y, comandante, la dignidad plena de los cubanos fue rescatada por su Revolución”.
Sobre el apoyo oficial de los diferentes gobiernos de México a la dictadura de Castro ha multitud de evidencias. Una de tantas fue la reunión del 9 de noviembre de 1982 efectuada en la embajada de Cuba en México, a la que asistieron el presidente López Portillo, el ex presidente Luis Echeverría y el presidente electo Miguel de la Madrid. Durante esa reunión el señor Carlos Rafael Rodríguez –nombrado por Castro Vicepresidente de Cuba—refirió que Castro “recuerda su llegada a México, en la década de los 50s, como a un lugar que nos pertenecía a todos los hombres progresistas, democráticos y revolucionarios… Vinimos a México como a nuestra casa común, como nuestra propia patria, y aquí trabajamos, nos organizamos y desde México regresamos para iniciar una etapa del proceso revolucionario”.
Ya con De la Madrid como presidente, el rumbo no cambió mucho con respecto a Cuba. A sabiendas que no pagarían, el gobierno hizo numerosos empréstitos a Castro y le dio petróleo a “precios preferenciales”, que tampoco pagaron.
Siguieron “envíos de víveres” a Nicaragua, Salvador y Cuba durante todo el periodo de De la Madrid; por supuesto, regalados. ¿Con qué cara Miguel de la Madrid y sus antecesores prestaban dinero y regalaba víveres cuándo en México existen zonas en franca miseria?
A partir del régimen de Salinas esa ayuda se fue reduciendo gradualmente a pesar de las presiones de la vieja élite política priísta.
Con el triunfo de Fox la presión no cesó y pidieron que mantuviera vigente el apoyo a Castro y se abstuviera de condenar la ya universalmente conocida violación de los derechos humanos en Cuba.
En el 2002, con una invitación pagada a más de 100 congresistas mexicanos a Cuba, empezó la intervención de Castro en los asuntos internos de México para evitar que el gobierno apoyara la resolución de enviar un visitador de la ONU a la isla a verificar el estado de los derechos humanos en Cuba.
En una cumbre en Monterrey, el dictador le puso un “cuatro” a Fox. Mientras todos los presidentes, cumpliendo las más elementales normas diplomáticas, confirmaron su asistencia a Monterrey con suficiente antelación, Castro no lo hizo. Dos días antes, cuando la agenda estaba formada, le envió una nota al Presidente de México diciendo que asistiría.
El error de Fox fue aceptar la antidiplomática confirmación de última hora de Castro. Lo diplomáticamente correcto hubiera sido que a través de su canciller le hubiera dicho al dictador que, dado lo tardío de su confirmación, ya no podía incorporarse al programa; sin embargo, el gobierno trató de darle su lugar (que por supuesto no se merecía) y aceptaron su participación.
En abril de ese mismo año, México voto en Ginebra porque Cuba realizara avances en el respeto a las garantías individuales. El presidente Fox no cedió a sus chantajes. Como consecuencia, el dictador difundió una conversación telefónica con Fox “comes y te vas”, para vengarse de México por el voto en Ginebra a favor de los derechos humanos. La semilla del actual conflicto estaba sembrada...
En el 2004 se vuelve a repetir la historia. México vuelve a dar su voto en la ONU para que Fidel Castro respete los derechos humanos en la isla, y el dictador, acostumbrado a que cedan a sus caprichos el primero de mayo dio un discurso donde calificó directamente al gobierno mexicano de seguir los dictámenes de Bush y habló de la actual política exterior, descalificándola.
Sumado a eso, las declaraciones del canciller de Relaciones Exteriores en el caso Ahumada, las entrevistas de diplomáticos cubanos con el presidente del PRD, Leonel Godoy, obviamente para prestar apoyo para López Obrador, fueron motivos más que suficientes para desencadenar la crisis diplomática del 2004. Uruguay rompió relaciones con Cuba por insultos similares al presidente uruguayo. En México, sólo quedó en crisis diplomática.
Actualmente, la enfermedad de Castro y el hecho que su hermano Raúl haya asumido el mando, ha calmado las aguas en la relación diplomática; aunque ahora el aspirante a líder de la izquierda, Hugo Chávez se ha encargado de seguir poniendo a México en la lupa.
No hay duda que el presidente Felipe Calderón tendrá que andar con mucho cuidado, ya que los enemigos de México están esperando la oportunidad de hacer escándalo a la menor provocación, como lo vimos en la última cumbre en Davos.



danielcastillobriones.webnode.mx
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30 dic 2010

Una historia de esperanza



“Cuando veas un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas un hombre malo, reflexiona.”
Confucio


Las fiestas de fin de año, siempre traen consigo un tufillo que no me gusta. Hay amigos que me dicen que soy como el Grinch, y que me fijo mucho en los aspectos negativos más que en los positivos.

¿Qué no me gusta de estas épocas?

Las aglomeraciones. A cualquier centro comercial, supermercado, restaurante, carretera u hotel que uno vaya, va a tener que hacer fila.

Los abusivos. Quizá sean las aglomeraciones las que traen consigo que la gente saque lo peor de sí. Precisamente un par de días antes de Navidad, mi esposa estaba comprando algunos regalos de última hora cuando una señora olímpicamente se metió y puso sus compras en la caja. Ante los reclamos, la santa señora ni siquiera se dignó a mirar y así, se salió con la suya. Quién no se ha topado con el desvergonzado que se estaciona en un lugar de discapacitados, la señora gorda que nos empuja en las tiendas de almacén, el que se atreve a arrebatarnos productos de nuestras manos...

Las películas. Odio las películas que tratan de la desaparición de Santa Claus y como ello puede arruinar la Navidad. Se pone acento en un hecho que ni siquiera tiene que ver con la fecha. Me molesta que el gordito de la barba blanca sea el personaje principal de una celebración totalmente distinta.

Los hipócritas. ¿No le ha pasado que hay una persona que le cae mal, y usted sabe que el sentimiento es reciproco, y aún así lo abraza y “le desea todo lo mejor”? Gente que nos desea todos los parabienes; pero sólo de “dientes para afuera”, como si fuera obligación decir ciertas frases a todo el mundo.

Podría seguir, ad infinitum, con esta lista negra; pero tengo que admitir que este año hubo un hecho que me hizo mucho más receptivo al famoso espíritu navideño.

Hace un par de semanas tomé un vuelo de Poza Rica a Ciudad de México, llegando a mi destino alrededor de las 17:30. Aunque soy del DF, temporalmente vivo en Morelia, por lo que decidí salir ese mismo día a mi casa, confiando en hacer las tres horas de trayecto que usualmente hago.

A final de cuentas, estaba tomando la carretera a Toluca a las 20:00, por lo que, muy a mi pesar, me tocó manejar ya sin luz natural.

A la altura de Atlacomulco se reventó un neumático. Independientemente del susto, logré estacionar mi auto en un pequeño supermercado a las afueras de la ciudad. Resignado, me dispuse a cambiar mi llanta, no sin cierto resquemor, ya que en mi vida había cambiado un neumático y mis conocimientos de mecánica son casi nulos.

Mis temores se convirtieron en angustia cuando descubrí que no sabía usar el gato de mi coche. Recordé que a unos cien metros del super había un módulo de la policía federal, lo que me dio un poco de ánimo.

Al llegar al módulo, comprendí que ese no era el mejor de mis días, ya que nadie abrió la puerta. Al parecer, hay un horario específico y no había nadie de guardia.

Regresé a mi auto como corbata de Jaime Mausán: Fuera de lugar, desencajado, sintiéndome absurdo, desamparado, y sin que nadie quisiera siquiera acercárseme.

Cuando regresé al coche, dispuesto a dilucidar los misterios del gato (el del coche), salía una señora con dos niños de aproximadamente 6 y 4 años. Todos ellos con bolsas de compras. Antes de ellos, ya había pedido ayuda a unos dependientes de una gasolinera, por lo que ni siquiera se me ocurrió pedir indicaciones o ayuda a la mujer, que subió a su auto y se fue del estacionamiento.

Después de fracasar en mi segundo intento por descifrar al gato, decidí caminar en dirección opuesta, con la esperanza de encontrar ayuda de alguna manera. Sin embargo, cuando me dirigía a no sé donde, un Volkswagen sedan, de los llamados vochos, viejo y destartalado se me acercó y de ahí salió la señora que previamente había salido del super con sus dos pequeños:

-- Disculpe señor, ¿puedo ayudarle en algo?

Imagínese usted que va manejando en la noche por la carretera y de repente ve a un hombre de 1.83 de estatura, fornido a la orilla de la carretera. ¿Usted se pararía a ayudarlo?

¿Qué oportunidad tenía un tipo como yo, de ser auxiliado por una señora con dos niños pequeños? Más aún: ¿Qué oportunidad tenía de que me ayudara alguien? Hasta ese momento, toda mi esperanza se basaba en ver a los Ángeles Verdes en algún momento.

-- Pues, la verdad... sí señora, contesté, se ponchó mi llanta y la verdad no sé cómo funciona el gato que traigo en la cajuela.

--Mire, me dijo, yo traigo un gato, a lo mejor ese podría servirle.

Atónito, vi como la señora se estacionó de vuelta y sacó de la cajuela el gato, que por cierto, tampoco supe cómo utilizar.

Después de unos 20 minutos de intentos, avergonzado de mi torpeza e ignorancia en la mecánica automotriz y de tener a la señora tratando de ayudarme con dos niños pequeños a las 22:00 a la orilla de una carretera, no salía de mi asombro cuando la sacrosanta señora me dijo solícita:

-- Si quiere, lo llevo a un taller que está acá cerca, para que le ayuden con su llanta.

Pues me subí a su coche, cuya puerta derecha ni siquiera cerraba bien, a unos 40 km por hora a la vulcanizadora que estaba más cerca de lo que imaginaba. A unos 200 metros de dónde me encontraba. Todavía la señora me trajo de vuelta, con todo y mecánico al estacionamiento del centro comercial.

En este punto, yo, con todo el agradecimiento que pude expresar, le pedí a la señora que se fuera a su casa, ya que era muy tarde y no quería que por mi culpa ella estuviera a esas horas en la carretera. Antes de que se fuera; sin embargo, le pregunté cómo fue que ella decidió regresar a ayudarme:

-- Es que cuando me subí a mi coche lo vi muy desesperado y me dije: este señor necesita ayuda. Por eso decidí regresar a ayudarle.

Cuando yo era niño, era común que saliera con mis amigos a jugar a la calle sin necesidad de que algún adulto nos vigilara. En alguna ocasión, hace unos 20 años, me toco pararme en la carretera a ayudar a una familia varada a la orilla de la carretera México-Cuernavaca.

La criminalidad nos ha cambiado. No sólo es el hecho de que podamos ser víctimas de una balacera, un secuestro, un asalto. El mal está mucho más adentro de lo que nos atrevemos a admitir. Los criminales nos han secuestrado en nuestras propias casas. En nuestra propia mente.

Nadie ayuda a nadie, por temor a ser engañado y ser parte de las estadísticas criminales. Ya no hay niños jugando en las calles. Ya nadie confía en ayudar a quienes lo necesitan, ya no confiamos ni en nuestros vecinos.

La inseguridad por la que atraviesa el país nos ha quitado el bien más valioso. La confianza.

Esta es mi historia de Navidad. Una historia dedicada a Luz, la mujer que me enseñó que a pesar del mal que nos circunda debemos retomar nuestra libertad de circular por las calles, nuestra libertad de ayudar a quien lo necesite y dejar de ser un desierto de 112 millones de personas.

danielcastillobriones.webnode.mx
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21 dic 2010

La liberación del Jefe Diego y las elecciones del 2011

“La ausencia reduce las pasiones pequeñas e intensifica las grandes, así como el viento apaga una vela y aviva el fuego”.
La Rochefoucauld


Se dice que la política no tiene palabra de honor, haciendo referencia a que muchos se sienten ya seguros en un puesto y por una razón u otra, se quedan sin el ansiado “hueso”.
Hasta la semana pasada, el hombre que se veía como el próximo presidente de México era Enrique Peña Nieto, candidato del PRI.
No se veía, hasta ese momento, una figura que pudiera competirle al actual gobernador del Estado de México, que ha hecho una “precampaña” muy eficaz, y se ha sabido colar en las preferencias del electorado mexicano.
El PRD sigue muy dañado en la imagen después de los bloqueos y berrinches de López Obrador, y se ve que va a ser difícil que el enfrentamiento entre Marcelo Ebrard y López Obrador para ser el candidato de una posible coalición de izquierda vaya a ayudarles a ganar más votos. Yo me atrevería a decir que si Ebrard se quedara con la candidatura, López Obrador se lanzaría también a la carrera presidencial con el PT; aunque ni siquiera se acercará a la cantidad de votantes del 2006.
Hasta ayer, el PAN no ofrecía una figura con la fuerza para pelear en las elecciones presidenciales. El PAN sufre una crisis de liderazgo como nunca antes. Se les acabaron las figuras carismáticas. Un factor; sin embargo, ha cambiado. Ahora que Fernández de Ceballos fue “liberado”, automáticamente se convierte en el candidato presidencial que el PAN tanto añora en este momento.
El panorama político del país ha cambiado. Los asesores de Peña Nieto seguramente recuerdan que López Obrador, hace seis años, se veía a sí mismo en la silla presidencial y hasta hablaba de vivir en el Palacio de Gobierno en vez de los Pinos. La liberación del Jefe Diego sin duda ha arruinado la luna de miel del priista.
Un punto más para el Jefe Diego: La ausencia. Esta es la herramienta más útil para los políticos. El político que es muy visto se expone a que surjan celos, resentimientos e intrigas para mermar su imagen pública. Diego Fernández de Ceballos fue perdiendo el respeto del que gozó en otros tiempos. Cuando un político es muy visto, cuando se habla mucho de él, se va degradando su valor. El político que desaparece en el momento oportuno va generando respeto y estima. El público en general tiende a olvidar los pecados de las personas públicas con el paso del tiempo.
 Pensemos en un ejemplo regional: Alán García, en el Perú, donde su primera gestión de gobierno se caracterizó por la peor crisis económica en la historia del país con una insólita hiperinflación, un recrudecimiento de los embates del terrorismo liderado por Sendero Luminoso, y por diversos actos de corrupción que involucraban a gente del régimen que repercutió en un gran descontento social. Las diversas acusaciones provocaron que en 1991 fuera retirado temporalmente del Senado para llevarle a cabo una investigación. Producida la crisis constitucional de 1992, escapó hacia Colombia y Francia aduciendo una persecución política hacia su persona por parte del régimen de Alberto Fujimori.
 Nadie pensaría en ese momento que en el 2006 García ganaría las elecciones presidenciales de nuevo. La ausencia de la escena pública fue un factor decisivo en este triunfo electoral. Dicho sea de paso, la historia ha vuelto a repetirse: corrupción y crisis han acompañado su segundo período igual que en el primero.
 Cosa curiosa: Cuando Peña Nieto se casó con Angélica Rivera, perdió el voto de simpatía que tenía por el hecho de su viudez, que ahora Diego Fernández de Ceballos tendría, ya que, a los ojos del votante, él ha sufrido la delincuencia y violencia que gran parte del país está sufriendo. Una víctima de secuestro, político hábil y prácticamente invencible en los debates, el Jefe Diego de la noche a la mañana es un serio aspirante a la presidencia.
 Lo que el jefe Diego tiene en contra: Enrique Peña Nieto es mucho más atractivo y joven a las cámaras y el voto femenino definitivamente no estaría con él, al igual que el voto de los jóvenes que encontraría más fácil identificarse con el priista que con el casi septuagenario panista.
 Por supuesto, dentro de todas las conjeturas que pueden hacerse, está la teoría de que este secuestro haya sido falso y cuidadosamente orquestado para fines electorales; aunque hasta ahora no hay ninguna evidencia que apunte en esa dirección. No obstante, una mirada en la red para ver como la imaginación popular, tan dada a las teorías de conspiración, ha encontrado en esta teoría un inacabable caudal de comentarios en este sentido.
 Por supuesto, hasta ahora ni siquiera se ha mencionado la candidatura de Diego Fernández; pero no cabe duda que muchos panistas verían con buenos ojos un candidato con la fuerza del veterano político. La propaganda y la mercadotecnia tienen ahora la palabra.

14 dic 2010

¿La guerra perdida?

“Las concesiones unilaterales, para dar muestras de nuestra “buena voluntad”, son algo estúpido y peligroso”.
Richard Nixon


La guerra que el Estado Mexicano ha declarado a los cárteles de la droga se siente en toda la sociedad mexicana.

Todos los días, en los diarios del país y el extranjero, no dejan de ser reportadas ejecuciones, incluso en masa, ataques a fuerzas armadas y policiales del gobierno, así como detenciones de delincuentes y ataques a inocentes. Aunque abundan las notas, en algunos estados es difícil el flujo de información debido a ataques a periodistas que revelan datos y nombres de narcotraficantes, donde les ha costado la vida. Según estudiosos, estas acciones y escalada de violencia son realizadas para la desestabilización y desmoralización de la población, y para obtener un control pleno de autoridades, plazas de distribución y en general del país al servicio del narcotráfico, siguiendo el ejemplo de los casos de Colombia y el Perú para obtenerlo. El conflicto, según Carlos Pascual, embajador de Estados Unidos en México, entre otros críticos, señalan que el narcotráfico "amenaza a todo el hemisferio", y que la guerra contra éste, según especialistas está aún muy lejos de terminar por años e incluso décadas.

Como analista, es natural seguir este fenómeno y analizar, e incluso aventurarse a hacer recomendaciones de cómo, desde nuestro punto de vista, deberían ser las cosas. El pasado 9 de diciembre; sin embargo, me tocó vivir esta guerra de una manera diferente.

Desde mayo del 2010, por proyectos de trabajo, yo, mi esposa y un mes después mi hijo de 17 años nos mudamos a Morelia, Michoacán.

El 9 de diciembre, a las 07:00, llevé a mi hijo a la estación de autobuses de Morelia para que fuera a pasar las vacaciones de fin de año con su mamá. Después de hacerlo, me dirigí a una cita de trabajo donde por primera me comentaron sobre una balacera en Apatzingán. Hasta ahí, sólo lo asimilé como una de tantas noticias que ya, lamentablemente, nos hemos acostumbrado a recibir todos los días.

Fue cuando me dirigí a mi oficina vi un inusual movimiento de Federales y Ejército, y se veía en la ciudad que los elementos policiales estaban casi ausentes, y los que se llegaban a ver estaban en grupos de al menos cinco elementos.

Ya después supimos lo que ya es noticia, bloqueos de todas las entradas a Morelia, balaceras en algunos puntos, camiones y automóviles particulares incendiados... Traté, sin conseguirlo, de comunicarme con mi hijo, que había salido al DF en el autobús de las 08:45. No fue hasta las 14:00 cuando funcionarios de la empresa me aseguraron que la unidad había llegado a su destino.

Poco tiempo después, estábamos haciendo unas compras cuando en la caja una señora comentaba los hechos y nos decía “hay que hacer algo, porque no es posible que nos pongan en esta situación”. Hasta ahí, estaba de acuerdo con la señora, que tenía a su esposo imposibilitado de entrar a la ciudad. Lo que me preocupó fue lo que dijo a continuación “tenemos que unirnos, porque este gobierno no nos puede hacer esto”.

¿El gobierno? ¿Fue el gobierno el que quemó autobuses y autos particulares para bloquear las carreteras? ¿Fue el gobierno el que a punta de pistola impedían a ciudadanos y Federales entrar a la ciudad? ¿Acaso el gobierno debe rendirse a los cárteles de la droga, dejando que manejen el país a su antojo?

Es alarmante cómo el enojo de el ciudadano común y corriente por este hecho no se dirige a los perpetradores, sino al gobierno. Es curioso cómo partidos políticos, periodistas e intelectuales hablan de una estrategia fallida en esta guerra contra los cárteles de la droga; pero no ofrecen una alternativa.

No quiero ahondar en el hecho de sí la estrategia del presidente Calderón es correcta o no. Quiero enfatizar que ahora, una vez iniciada esta ofensiva, ya no hay marcha atrás. No es posible que haya ciudades en donde la gente tenga que pedir permiso a los narcos para transitar o trabajar. No es posible que los narcos se sientan dueños de las ciudades, pensando que pueden matar, tomar mujeres, vaciar restaurantes, arrebatar propiedades sin que la ley no intervenga. No es posible vivir así.

Aunque en México el narcotráfico surge a partir del porfiriato y se consolida en el gobierno de Lázaro Cárdenas; pero no fue sino hasta el régimen de Miguel De la Madrid Hurtado cuando se destapó, a gran escala, la cloaca de este flagelo a la sociedad mexicana. En ese sexenio florecieron los cárteles de las drogas y los poderosos capos del trasiego de estupefacientes.

Según la fiscalía federal, los cárteles han incursionado en la compra de hoteles, restaurantes, constructoras y líneas aéreas.

A finales de los años 90, los narcos cambiaron su comportamiento y empezaron a involucrar a la sociedad en balaceras y conductas agresivas, cerrando bares, asesinando inocentes, paseándose armados en las calles de muchas ciudades, principalmente de Sinaloa, Tamaulipas y Sonora.

La ofensiva contra el narcotráfico tiene que variar; pero no detenerse. El Estado Mexicano tiene que demostrar, hoy más que nunca, que está dispuesto a aplicar toda la fuerza de que dispone para liberar a la sociedad mexicana de unos sujetos que intentan transformar a México en un Narcoestado descarado y cínico.